Jesús Tovar Núñez
Apostol
21/12/2008
“Porque con Dios lo hace todo perfecto”
Tu nacimiento no fue un error o infortunio, tu vida no es una casualidad de la naturaleza. Tus padres no te planificaron; Dios lo hizo. A Él no lo sorprendió tu nacimiento. Es más, lo estaba esperando.
Mucho antes de que fuera concebido por tus padres, fuiste diseñado en la mente de Dios. Él pensó en ti primero. No es la causa del destino, ni de la casualidad, ni de la suerte, ni tampoco es una coincidencia que en este mismo instante estés respirando. ¡Tienes vida porque Dios quiso crearte!
Salmos 139:13-16 Dice: 13 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. 14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! 15 Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. 16 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.
Podríamos tomar un texto de biología del mejor científico que describa lo que sucede cuando un ser se está gestando en el vientre, sin embargo, con todo su conocimiento no podría hacerlo de una forma tan hermosa y perfecta como se hace en este salmo. Somos sin duda, desde las etapas más precoces de nuestra existencia conocidos y amados por nuestro creador. En el salmo 139 el salmista relata una realidad que no es posible modificar en la situación del ser humano frente a Dios: su omnisciencia y omnipresencia.
Conocer la existencia humana, no es un punto en que cada uno de nosotros pueda establecer un límite cuando se trata de Dios. Este salmo manifiesta que el alcance de Dios en cuanto conocer al hombre se extiende desde antes de nacer y mucho más allá de la muerte, en la luz y la oscuridad, despiertos y dormidos, en pasado, presente y futuro, etc. Todos estos son límites para el ser humano en términos de alcance de conocimiento.
Para muchos es absolutamente irrelevante lo que sucede en el vientre materno, pero, de total trascendencia lo acontecido luego de la muerte. Es tiempo de entender que en ambos eventos y durante ellos la participación de Dios es absoluta, ni en el vientre, ni en el cementerio suceden cosas ocultas para Dios, y por supuesto usted sabe que la muerte para un cristiano no se reduce sólo a la presencia de un cuerpo en un ataúd, pues también sepa que la vida de un embrión no sólo se reduce a la presencia de un cuerpo en el vientre de un mujer.
En Dios existe un continuo del hombre con o sin cuerpo. La materialidad del ser humano marca claras etapas para nosotros pues esos son los tiempos en que efectivamente establecemos relaciones, es decir desde el nacimiento y hasta la muerte, la intimidad del ser humano con Dios va antes y mucho más allá.
Dios se vincula con nosotros antes del vientre: son ejemplos de ello jeremías, que fue llamado antes de estar en el vientre para ser profeta, acerca de los profetizados e inclusive entregado su nombre antes de ser concebido está Juan el bautista. Cristo fue un embrión y en esta etapa de embrión al encontrarse María con Elizabeth, quién tenía a Juan como feto, no pasó desapercibido como cualquier pequeño de su edad, Juan reaccionó ante él saltando, como lo haría un bebé de 6 meses y Elizabeth llena del espíritu santo, llamó a María la madre de mi señor.
¿Podía ser Cristo el Señor de Elizabeth con sólo días de vida?, sin lugar a dudas, su señorío no se vinculaba con su edad, esto es superior a lo que nosotros alcanzamos a entender en el terreno de lo natural, esto es espiritual.
Salmo 138:8 Dice: 8 El SEÑOR cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, SEÑOR, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!
El nos formó, y nos ha hecho con un propósito. Gracias a esto nuestro valor no proviene de las cosas externas sino de la certeza de que Dios nos ha creado en este tiempo y en este lugar porque él tiene un plan para nuestras vidas. Él nos valora, nos conoce y nos ama tal y como somos. Es nuestro deber pedir a Dios que nos dirija cada día, para que ese plan y propósito que él tiene para nosotros sea cumplido.
El plan de Dios para mí es único, debe ser cumplido a través de mí, y él me ha dado el potencial para hacerlo. Mi tarea es la de buscar su dirección, descubrir mis dones y talentos, y usarlos para que Dios sea glorificado en mi vida.
Debemos estar felices con la forma en que Dios nos hizo, y debemos buscar ese talento especial que él nos dio para que bendigamos a nuestros familiares, amigos, la iglesia, y a todos los que se cruzan en nuestro camino. Al estar en paz con Dios y agradecerle la forma en que nos hizo, damos el primer paso de aceptación y abrimos el camino para descubrir qué quiere hacer él a través de nuestras vidas.
Amate tal como Dios te hizo. Agradécele el haberte creado y el haberte puesto en esta tierra para que lleves luz, amor y ánimo a otras personas que tanto lo necesitan. No pierdas el tiempo comparándote con las demás o menospreciando el diseño de Dios en tu vida. Busca tus fortalezas, esas destrezas que Dios te dio para distinguirte y para bendecir a los demás a través de ti.
Nosotros no debemos medir la bendición de Dios en pesos o en dólares, hay bendiciones que el mundo no nos ha dado, La bendición del GOZO, PAZ, LIBERTAD, el saber que hemos sido perdonados y redimidos, para trabajar en el Reino
Génesis 25: 19-23 Dice: 19 Ésta es la historia de Isaac, el hijo que tuvo Abraham. 20 Isaac tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca, que era hija de Betuel y hermana de Labán. Betuel y Labán eran *arameos de Padán Aram.54 21 Isaac oró al SEÑOR en favor de su esposa, porque era estéril. El SEÑOR oyó su oración, y ella quedó embarazada. 22 Pero como los niños luchaban dentro de su seno, ella se preguntó: «Si esto va a seguir así, ¿para qué sigo viviendo?» Entonces fue a consultar al SEÑOR, 23 y él le contestó: «Dos naciones hay en tu seno; dos pueblos se dividen desde tus entrañas. Uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.»
Génesis 25: 24-28 Dice: 24 Cuando le llegó el momento de dar a luz, resultó que en su seno había mellizos. 25 El primero en nacer era pelirrojo, y tenía todo el cuerpo cubierto de vello. A éste lo llamaron Esaú.55 26 Luego nació su hermano, agarrado con una mano del talón de Esaú. A éste lo llamaron Jacob.56 Cuando nacieron los mellizos, Isaac tenía sesenta años. 27 Los niños crecieron. Esaú era un hombre de campo y se convirtió en un excelente cazador, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento. 28 Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba; pero Rebeca quería más a Jacob.
Es necesario que podamos entender que somos el pueblo es escogido por Dios, somos una Nación Santa del Reino de Dios, llamados a la prosperidad y la sobreabundancia.
Es por eso que se hace necesario entender que ya no actuamos de manera independiente, siempre es necesario entender que para bien o mal bendecimos o perjudicamos a un pueblo completo y a una Nación.
Dios nos ha dado la oportunidad de ser arquitectos de nuestro propio destino, y para esto es necesario saber cuál es nuestro propósito en la tierra y solo es Dios quien nos lo puede mostrar y revelar.
No importa que tan brillante pueda ser la actividad que el hombre desempeña, ya sea como atleta, estudiante, profesional, hombre de negocios, obrero, campesino; lo importante es que si no tiene un propósito, nada vale.